
Un joven había caído cada vez más bajo en la delincuencia. Nada parecía detenerle. De delito en delito había pasado al atraco a mano armada. Un día se presentó ante una ventanilla con un arma y exigió el dinero de la caja. La cajera, una señora ya de edad, lo miró fijamente durante un momento y por una inexplicable razón, olvidando toda prudencia, le hablóp tranquila y seriamente:
- Hijo mío, estás arruinando tu vida. Tarde o temprano te capturarán, y te echarán a la cárcel. Te ruego, reflexiona y acuérdate de la enseñanza de tu madre.
De repente el muchacho dió media vuelta, se fue y sinn decir nada. Algunos días después de esa aventura, el joven se presentó ante la policía, pero cuando se le preguntó porqué se había ido sin robar nada, él repondió:
-Esa mujer me hizo pensar en mi madre, hablaba como ella y se le parecía.
No sabemos què fue del joven, pero esta historia subraya lo importante de la enseñanza de los padres y de la educación dada a los hijos desde su temprana edad. Enseñarles la cortesía y el respeto por los demàs, està bien, pero criarlos "en disciplina y amonestación del Señor" es aún mejor. Porque "el principio de la sabiduría, es el temos del Señor".
Dios les bendiga!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario